El cerebro, el amor y otras curiosidades

¿Qué ocurre en el cerebro y el cuerpo durante el enamoramiento? Esta interrogante, posiblemente formulada por el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, encuentra eco en sus numerosas obras literarias. Sin embargo, en la actualidad, contamos con los esperanzadores estudios de la neurociencia para adentrarnos en este fascinante fenómeno del amor.

En El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez nos sumerge en la poderosa fuerza del amor, que perdura a pesar del paso del tiempo y las adversidades de las épocas. Florentino Ariza, un personaje ficticio, encarna las exageraciones propias de un corazón enamorado y persistente. Por otro lado, Fermina Daza, el amor de la vida de Florentino, decide casarse con el mejor médico del Caribe colombiano, negándole a Florentino la posibilidad de unirse a ella en matrimonio durante su juventud. Sin embargo, en lo más profundo de sus seres, tanto Florentino como Fermina siguen amándose, aunque lo hagan en secreto entre sus pensamientos y anhelos. Un amor que solo logran concretar al final de sus vidas.

En las siguientes líneas encontrará algunas particularidades para comprender el amor, y consigo, el proceso de enamoramiento desde la ciencia del cerebro, la biología y las letras de García Márquez.

Las emociones se construyen, y el amor también

En 1859, Charles Darwin revolucionó el mundo científico con la publicación de El origen de las especies, estableciendo así una tradición que perdurará hasta nuestros días. En su obra, Darwin postula que las emociones pueden distinguirse entre las distintas especies y que se manifiestan de manera peculiar en la genética de los seres vivos. A partir del estudio de los gestos faciales, llega a la conclusión de que existen emociones innatas, como el odio o la tristeza, que son evidentes tanto en mamíferos humanos como no humanos. [1]

Esta idea innatista fue retomada por Paul Ekman, quien profundizó en la constitución emocional, especialmente a través de sus estudios con humanos. Ekman identificó seis emociones básicas presentes en diversos contextos culturales: miedo, alegría, tristeza, ira, disgusto y sorpresa. Su enfoque meticuloso en los gestos faciales abrió la caja de pandora del comportamiento emocional, aunque aún nos encontramos explorando en la penumbra de este vasto campo. [2]

Si vamos más allá de Paul Ekman, encontraremos que no solo interactuamos con gestos, y no solo los demás interpretan los gestos. Las emociones humanas dependen de múltiples variables si queremos ser rigurosos. Por ejemplo, se construyen a partir del contexto, de las memorias previas del individuo, del esquema personal (autoestima), esquema emocional, niveles de excitación del sistema nervioso, retroalimentación corporal, y la participación del circuito de supervivencia. Esto quiere decir que las emociones dependerán de cómo ocurre y de la reacción del individuo en un debido momento. Por tanto, las emociones son dinámicas y enteramente subjetivas, más no innatas. Joseph Ledoux, colega de la Universidad de Nueva York, es el gran defensor de esta postura.[3] Otros científicos ampliamente reconocidos siguen esta propuesta. Por ejemplo, Lisa Feldman Barret y James Russell, entre otros más, defienden que las emociones son producto de una construcción más de no de circuitos heredados e inmutables.[4]

Lo anterior explica que nuestras emociones no son innatas, sino que se adquieren a través de experiencias. Pero, ¿cómo se construyen las emociones en el cerebro? Las emociones se sustentan a través del reforzamiento de circuitos neuronales específicos en las regiones diencefálicas, mesencefálicas y prosencefálicas de la anatomía humana. En un lenguaje más accesible, podemos considerar que el tronco cerebral ejerce influencia sobre la amígdala y luego se dirige hacia las redes de la corteza prefrontal. Un circuito llamado “de abajo hacia arriba”. Sabiendo esto, las emociones se construyen desde regiones internas hacia las regiones más corticales y externas. Las primeras contribuyen significativamente a las emociones más impulsivas, mientras que las frontales, para el control. Ahora, sea el caso, si predominan las activaciones de “de abajo hacia arriba”, seremos impulsivos en nuestra conducta. Pero, si predomina el circuito regulatorio, “de arriba hacia abajo”, colaborará enormemente en el autocontrol e inhibición de impulsos.[5]

Y por supuesto, el amor también depende de ambos procesos: de los impulsos y del autocontrol. Algunos nos controlamos más, mientras que otros nos dejamos llevar por lo pasional, pero lo que debemos resaltar es que el amor es producto del aprendizaje.

¿Quién nos enseña a amar? El amor entre Florentino y Fermina, retratado en la novela El amor en los tiempos del cólera, refleja las influencias parentales en la formación de sus conceptos amorosos. Florentino, criado por una madre protectora debido a la ausencia paterna, carece de las estructuras emocionales de control y regulación emocional. Esta carencia se traduce en comportamientos ansiosos en sus relaciones amorosas. En contraste, Fermina, cuyo padre era sobreprotector pero cauteloso, aprendió a priorizar el autocontrol sobre la pasión. Esta educación la lleva a valorar más su estabilidad económica que el amor genuino. Y que, por ello, decide un amor seguro con el médico caribeño. Pero, como debe notar, los amores de ambos, aunque ocultos a la realidad, son el producto de los amores
que les brindan los padres.

A pesar de todo, la historia de García Márquez alcanza su punto culminante en las últimas páginas de la novela, cuando ambos protagonistas deciden entregarse sinceramente el uno al otro. Es en la etapa tardía de sus vidas cuando construyen una confianza mutua. Ni antes ni después. Por tanto, el amor solo prospera cuando ambos están dispuestos a construirlo. Y como todo amor, una amalgama de emociones, abre paso a la pasión, al romance, al disfrute, incluso en la vejez de las vidas de Florentino y Fermina. Un hermoso amor de adultos mayores.

Tusa o el síndrome de Takotsubo

Quien experimenta una decepción amorosa, o es traicionado o atraviesa una ruptura amorosa, enfrenta lo que se conoce como tusa, un término popular colombiano que describe el dolor emocional. En una similitud un tanto exagerada, el término clínico para esta experiencia es el Síndrome de Takotsubo. Este síndrome se refiere a una condición cardíaca temporal caracterizada por una disfunción súbita y reversible del músculo cardíaco, típicamente desencadenada por un estrés emocional o físico intenso. Originado por primera vez en Japón en la década de 1990, este estrés emocional se manifiesta con síntomas como dolor en el pecho, dificultad para respirar y, en algunos casos, síntomas similares a los de un ataque cardíaco. A diferencia de este último, el Síndrome de Takotsubo generalmente no está asociado con obstrucciones en las arterias coronarias.[6]

El dolor por amor o tusa es la clave para comprender cómo los aspectos psicológicos que rodean al amor, pueden ocasionar aversiones en el cuerpo, y en especial en el corazón. Gabriel García Márquez no es el único autor en la literatura que narra esta historia de un corazón roto o Síndrome de Takotsubo. Gustave Flaubert, en Madame Bovary, lo narra con detalles impecables y parsimoniosos que romantizan la realidad de una mujer dolida por la creencia en un amor duradero, y que debe ser siempre pasional.

En nuestro caso, el que sufre del dolor por amor, una tusa evidente, es Florentino. Tanto que la mamá hace lo posible por conseguirle un trabajo o buscarle una amante y calmar su ansiedad. Fermina lo lleva de otra forma. No cuenta a nadie su dolor, e incluso por décadas. Es un luto escondido y evidente en su consciencia, más no en su vida matrimonial con otro hombre.

La explicación del corazón roto, Síndrome de Takotsubo, se encuentra en la comprensión del Sistema Nervioso Autónomo, particularmente en las ramas parasimpática y simpática. Es importante recordar que la rama parasimpática puede ser dividida en dos: dorsal y ventral, cada una con funciones específicas. Stephen Porges, un destacado investigador en estas conexiones neuronales, argumenta que son las ramas dorsales del nervio vago las responsables de inducir la respuesta de congelación y posiblemente la depresión. ¿cuándo se activa la rama dorsal? Se da ante la presencia de peligro, amenaza o estrés emocional intenso.[7]

Este fenómeno se ilustra en el personaje de Florentino en El amor en los tiempos del cólera, quien al perder al amor juvenil de Fermina cae en un estado de depresión, se aísla del mundo, llora y se sumerge en la escritura de poesías y cartas como una forma de esconderse del dolor. Es plausible que la rama dorsal del nervio vago lo haya sumido en un estado de ánimo melancólico y taciturno que lo persiguió durante años. Porges sugiere que este estado disfuncional del nervio vago dorsal podría ser el responsable.

El nervio vago es el puente de comunicación entre cerebro y corazón. Y es sensible ante la amenaza del dolor emocional. Esta sería la explicación de los síntomas emocionales depresivos de Florentino.

Al comprender lo mencionado anteriormente, podemos reconocer que el Síndrome de Takotsubo es uno de los resultados del desamor. Su fisiología radica en la conexión entre el cerebro y el cuerpo a través del sistema nervioso periférico. Esto explica por qué uno de los principales factores de riesgo para un ataque cardíaco es el estrés emocional provocado por la intensidad emocional de un individuo, como en el caso del desamor.[8]

El cólera, el desamor y la microbiota

¿Existe alguna conexión entre los dolores emocionales y los dolores estomacales? ¿Existe una conexión cerebro e intestinos? Sí. Y este tópico en especial puede abrirnos paso a comprender las emociones, y en especial al amor.

En alegoría a los dolores emocionales y estomacales, García Márquez menciona: “Los síntomas del amor se confunden con los de la enfermedad (cólera)”. Y aquello no se escapa del todo de la realidad científica. Los investigadores han demostrado la conexión cerebro y estómago, y que esta comunicación contribuye a la construcción de las emociones. Por ejemplo, los dolores emocionales como el desamor, la ansiedad y la depresión, pueden desbocarse en somatizaciones, es decir, causar dolores físicos.[9,10]

Aunque lo siguiente no es una explicación del cólera ocasionado por bacterias, Florentino Ariza, en la novela El amor en los tiempos del cólera, sufre de sintomatologías similares a las que la enfermedad. Pero lo que verdaderamente sucedería con Florentino es más una depresión ocasionada por la separación de su amor por Fermina. Esta es una hipótesis, tal como lo es todo el texto, más no un diagnóstico, valga la aclaración.

La conexión cerebro-corazón, que se ha explicado a través del sistema nervioso autónomo, también están presente en la conexión cerebro e intestinos. Con ello, hay evidencia sustancial que conecta los trastornos de ansiedad y depresión con las vías digestivas. Es decir, las dificultades emocionales no solo dependen del cerebro, sino de nuestras neuronas de las vísceras, también conocidas como sistema nervioso entérico, por una parte.

Y al tocar la conexión cerebro e intestinos es innegable hablar de la microbiota. Aquella población de microorganismos que habitan en el tracto gastrointestinal. Un conjunto de bacterias, virus y hongos que hacen simbiosis con nuestro cuerpo, y en especial presente en el colón de cada persona. Una de las tantas referencias que se hacen a este tópico particular es el papel de la serotonina. Gran parte de este químico se produce en el sistema entérico, las vísceras, y que son llevadas al sistema al cerebro, por las ramas del nervio vago. La serotonina es el químico que nos ayuda al control personal y emocional, y consigo, al estado de bienestar y tranquilidad. Pero, este es sensible a los cambios, sean por la influencia del cerebro sobre el estómago, o viceversa. Es decir, la serotonina que se produce fuera del cerebro impactará en nuestro estado de ánimo, si estaré triste o feliz.[11]

En resumen, la conexión entre el cerebro y el corazón, explicada a través del sistema nervioso autónomo, también se encuentra presente en la conexión entre el cerebro y los intestinos. De hecho, existe una considerable evidencia que vincula los trastornos de ansiedad y depresión con el sistema digestivo. Estas dificultades emocionales no solo dependen del cerebro, sino también de las neuronas presentes en las vísceras, conocidas como sistema nervioso entérico.

Esto podría explicar el caso de Florentino, el personaje de García Márquez, cuyo dolor por la pérdida amorosa afectó su salud digestiva y generó un ciclo de estados de ánimo depresivos e incluso de ansiedad. De hecho, estudios realizados por científicos como Djawad Radjabzadeh y sus colegas de la Universidad de Oxford han demostrado que una mala calidad de la microbiota puede ser un factor predictivo de la depresión.[10]

La depresión, por tanto, es uno de los tantos efectos del ciclo del desamor.

Reflexión final

El amor y el desamor no solo tienen un impacto emocional, sino también físico, mostrando la
profunda conexión entre nuestras experiencias emocionales y nuestra salud física y cerebral.

Bibliografía

  1. Darwin, C. (1859). The origin of species. John Murray.
  2. Ekman, P. (2006). Darwin and Facial Expression. Malor Books.
  3. LeDoux, J. E., & Brown, R. (2017). A higher-order theory of emotional consciousness.
    Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America,
    114(10), E2016–E2025. https://doi.org/10.1073/pnas.1619316114
  4. Feldman, B. & Russell, J. (2014). The Psychological Construction of Emotion. The
    Guilford Press.
  5. LeDuke, D. O., Borio, M., Miranda, R., & Tye, K. M. (2023). Anxiety and depression:
    A top-down, bottom-up model of circuit function. Annals of the New York Academy of
    Sciences, 1525(1), 70–87. https://doi.org/10.1111/nyas.14997
  6. Wang, X., Pei, J., & Hu, X. (2020). The Brain-Heart Connection in Takotsubo
    Syndrome: The Central Nervous System, Sympathetic Nervous System, and
    Catecholamine Overload. Cardiology research and practice, 2020, 4150291.
    https://doi.org/10.1155/2020/4150291
  7. Porges S. W. (2023). The vagal paradox: A polyvagal solution. Comprehensive
    psychoneuroendocrinology, 16, 100200. https://doi.org/10.1016/j.cpnec.2023.100200
  8. Wang, X., Pei, J., & Hu, X. (2020). The Brain-Heart Connection in Takotsubo
    Syndrome: The Central Nervous System, Sympathetic Nervous System, and
    Catecholamine Overload. Cardiology research and practice, 2020, 4150291.
    https://doi.org/10.1155/2020/4150291
  9. Irum, N., Afzal, T., Faraz, M. H., Aslam, Z., & Rasheed, F. (2023). The role of gut
    microbiota in depression: an analysis of the gut-brain axis. Frontiers in behavioral
    neuroscience, 17, 1185522. https://doi.org/10.3389/fnbeh.2023.1185522
  10. Bosch, J. A., Nieuwdorp, M., Zwinderman, A. H., Deschasaux, M., Radjabzadeh, D.,
    Kraaij, R., Davids, M., de Rooij, S. R., & Lok, A. (2022). The gut microbiota and
    depressive symptoms across ethnic groups. Nature communications, 13(1), 7129.
    https://doi.org/10.1038/s41467-022-34504-1
  11. Stasi, C., Sadalla, S., & Milani, S. (2019). The Relationship Between the Serotonin
    Metabolism, Gut-Microbiota and the Gut-Brain Axis. Current drug metabolism, 20(8),
    646–655. https://doi.org/10.2174/1389200220666190725115503

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