Los sitios RAMSAR: Cunas de diversidad
Los sitios RAMSAR son humedales protegidos por el Convenio de RAMSAR, el cual entró en vigor en 1975. Este fue un tratado establecido por la UNESCO, el cual promueve la conservación y el uso racional de los humedales que se encuentran adheridos en 172 países.
México es el segundo lugar a nivel mundial con la mayor cantidad de sitios RAMSAR. Para el 2023, en el país, se tienen 144 humedales, que es el equivalente a 8,721,911 hectáreas protegidas.
En estos sistemas, encontramos cunas de biodiversidad y gran patrimonio genético, además de un importante refugio para flora y fauna. Relacionado con la fauna, destacan las aves acuáticas. Aunado a esto, los humedales son vitales para la supervivencia humana, ya que funcionan como barreras naturales, frenando la devastación de fenómenos meteorológicos como huracanes tierra adentro.
Algunos ejemplos de sitios RAMSAR en México son las Marismas nacionales en Nayarit, Sinaloa, la reserva de la Biosfera Pantanos Centla en Campeche, entre muchos otros. Estos sitios nos ofrecen maravillosos paisajes que reconfortan nuestras vidas y, así, podemos apreciar las bellezas que nos regala la naturaleza.
Algunos de los servicios ecológicos que proveen los humedales son:
Los organismos vegetales sirven como filtro biológico. Esta función es de vital importancia para la obtención de agua potable, ya que de esta forma disminuimos el impacto ambiental generado por las plantas de tratamiento de aguas a través del uso del cloro.
Los sitios RAMSAR también son grandes proveedores de productores primarios, tanto vegetales como animales. Y finalmente, también son clave para la red trófica, de la cual todos dependemos.
Por lo antes mencionado, podemos destacar los grandes beneficios que nos proveen los humedales; y ahí, radica la importancia de cuidarlos y mantenerlos lejos del fenómeno de eutrofización (fenómeno de enriquecimiento de nutrientes por acción natural o antropogénica). Esta última desencadena la aparición de poblaciones de microorganismos que deterioran los parámetros fisicoquímicos del agua, haciéndola inhabitable para flora y fauna autóctona. Con ello, se asegura la seguridad hídrica y alimentaria de las sociedades, así como la mitigación del cambio climático.
La salud de los ecosistemas es clave, ya que tres cuartas partes de las enfermedades emergentes son de origen zoonotico. Esto, debido al deterioro ambiental y al tráfico de especies. Aunado a esto, las enfermedades diarreicas infantiles están al alza por la mala gestión de los cuerpos de agua. También, la salud y la economía de miles de personas dependen de la buena gestión de los humedales (1).
Por otra parte, ecosistemas como las turberas y los ecosistemas costeros de carbón azul (como los son los marismas, manglares, pastos marinos, etc.), son potenciales reservorios de carbón. Estos, al ser degradados, se convierten en fuentes de gases de efecto invernadero.
Los cuerpos de agua tienen que ser un claro ejemplo raro o único de un tipo de humedal natural o semi-natural dentro de una región biogeográfica. También aplica si en él encontramos alguna especie, ya sea vegetal o animal, en estado vulnerable. Añadido a eso, se considera si el sitio sustenta de alguna forma el ciclo biológico de organismos autóctonos; ya sea como refugio, fuente de alimento, zona de desove, ruta migratoria, entre otras. Finalmente, también se aplica si mantiene el 1% de la población de una especie, entre otras particularidades (2).
Fotografía: Cortesía de Priscila Jackeline via Wikimedia Commons
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